Durante una larga (y tortuosa) cantidad de tiempo, el sólo hecho de revivir aquello no me permitía vivir el desarrollo de un día de una forma normal, simplemente la mera remembranza de eso significaba una carga de carácter introspectivo que me remitía a los momentos más bajos por los que llegué a cruzar.
Claro que hay momento donde todos los pensamientos que atraviesan mi subconsciente son tan claros como el agua; donde, aparentemente, no hay nada que pueda estropearse; donde el cielo se despeja y no hay nada que reprocharme, pues no tengo ningún pesado lastre que esté siendo cargado por mi memoria…
Es justo entonces cuando el más mínimo cambio a mi tesitura revienta la frágil barrera que estaba recubriendo mi vida en ese momento, las imágenes comienzan a llegar, más allá de que sean sólo un producto de la remembranza, siguen siendo sumamente vívidas, siguen siendo imponentes y siguen causando en mis adentros graves estragos de los que tendré que reponerme.
Nunca termina por volverse más fácil… o difícil, simplemente es algo con lo que se aprende a existir (porque vivir es algo que no he logrado hacer), no te mejoras sustancialmente, pero mientras más estás existiendo con tal pesadumbre es más que obvio que no hay nada que se detenga para ti, por lo que la única salida medianamente saludable para ti es seguir la corriente, que en este contexto significa poner un pie frente al otro y esperar que lo que esté enfrente no acabe con todo (o que lo haga indoloramente).

never fade in the dark dijo el gerar wey.
