Ocurrió un día como cualquiera, a una hora como millones que han pasado, estaba caminando como si supiera que nada más existía, como si comprendiera que no había cosa más importante que sí mismo en aquel preciso momento. Lo cual es curioso, pues por ese pequeño instante, por esa diminuta fracción de tiempo todo se detuvo y aquello se convirtió en toda mi vida, todo mi pensar y mi pesar.
Fue cuando me congelé, no había respuesta correcta al choque del que mi cuerpo fue víctima, al ser algo que nunca antes había experimentado, simplemente seguí con la vista fija al frente, ya todo carecía de sentido, pues mi vida se había escapado, al menos por unos segundos, pero después de eso reconsideré mi posición y seguí con el curso predeterminado del momento.

